¿Cómo funciona una ciudad inteligente?


¿Cómo funciona una ciudad inteligente?

Hubo un tiempo en el que la gente pensaba que internet nos aislaría los unos de los otros, que acabaríamos dispersándonos a través del paisaje de los enclaves suburbanos, demasiado absortos por la televisión y la red para querer encontrarnos con cualquier persona real. Sin embargo, ha sucedido una cosa divertida con respecto a este futuro asocial: hemos descubierto que la red conecta a la gente, y que estas personas conectadas tienden a querer conocerse, a hacer vida social y trabajar juntos. Más que separarnos, internet nos ha vuelto más sociables que nunca, en el mundo online y en el mundo real. De hecho, cuanto más tiempo dedicamos a estar conectados online, más tiempo dedicamos a quedar fuera con los amigos, la familia o los vecinos.

Al llenar nuestras ciudades, la tecnología (no pienses sólo en los iPhones y en GoogleMaps, sino también en las comunidades que clasifican los restaurantes y las tiendas, los informes del tráfico en tiempo real, las redes de suministro eléctrico inteligentes, incluso las nuevas páginas web de noticias muy locales) ha magnificado el bucle de reacciones entre la conexión online y la conversación en persona: estamos aprendiendo que el espacio público y el ciberespacio están interconectados; la tecnología y la comunidad física se retroalimentan. Y esta tendencia se está acelerando. 

En el espacio urbano, la tecnología se ha vuelto más pequeña, se ha dispersado y se ha tornado ubicua. Estamos constantemente rodeados por puntos de referencia, sensores, y amontonamos constantemente la información sobre cualquier cosa, desde los retrasos del tránsito hasta los informes meteorológicos, pasando por el bar en el que hemos quedado con nuestros amigos para tomar una copa.


Mientras que las ciudades se vuelven más inteligentes, las viviendas urbanas resultan ser mucho más eficientes y, en muchos sentidos, más placenteras. Con la calle convertida en una plataforma para la tecnología, se hace más fácil saber dónde están las cosas que queremos, quién las tiene y cómo las están utilizando. Estamos acostumbrados a pensar la comodidad de una manera muy del siglo XX, donde cogías tu coche y conducías hasta que encontrabas lo que estabas buscando, y la comodidad se definía como la manera más simple de conducir con el menos tráfico posible, por el objeto que comprabas y te llevabas a casa; o sea, que nunca tenías que preocuparte por buscar dónde estaba y, por ejemplo, sólo conducir a una tienda para comprar un gimnasio para casa. 

 
Climent Vilatersana, Director de MOBA, en RTVE


La comodidad en una ciudad inteligente se define de otra manera: sabes en todo momento dónde está lo que quieres, o sea, que no necesitas hacer largos viajes para lograr hacerte con ello. Al igual que buscadores como Google nos permiten encontrar justo lo que queremos en vez de tener que buscar a ciegas por la red, esperando encontrar algo sin saber dónde está, la omnipresente tecnología ha vuelto la ciudad cada vez más localizable.

Sistema de identificación de contenedores mediante radio frecuencia (RFID)


TAG RFID
RFID (siglas de Radio Frequency IDentification, en español identificación por radiofrecuencia) es un sistema de almacenamiento y recuperación de datos remoto que usa dispositivos denominados etiquetas, tarjetas, transpondedores o tags RFID. El propósito fundamental de la tecnología RFID es transmitir la identidad de un objeto (similar a un número de serie único) mediante ondas de radio. Las tecnologías RFID se agrupan dentro de las denominadas Auto ID (automatic identification, o identificación automática).


Las etiquetas RFID (RFID Tag, en inglés) son unos dispositivos pequeños, similares a una pegatina, que pueden ser adheridas o incorporadas a un producto, un animal o una persona. Contienen antenas para permitirles recibir y responder a peticiones por radiofrecuencia desde un emisor-receptor RFID. Las etiquetas pasivas no necesitan alimentación eléctrica interna, mientras que las activas sí lo requieren. Una de las ventajas del uso de radiofrecuencia (en lugar, por ejemplo, de infrarrojos) es que no se requiere visión directa entre emisor y receptor.


Funcionamiento de la tecnología RFID en servicios urbanos


Durante las últimas décadas, MOBA se ha convertido en un especialista en mediciones sin contacto, pesaje y sistemas de identificación. Gracias a las soluciones de los sistemas MOBA, las aplicaciones industriales están gozando de un gran éxito a nivel mundial.

Fiabilidad en estado puro
Aplicaciones:• Trazabilidad de operaciones
• Control de Contenedores
• Equipamiento de contenedores
Transponders adaptados al sector residuos

• Transponders sólo-lectura con diferentes construcciones y encapsulados para distintos propósitos
• Seguimiento del estandard internacional ISO
• 20 años de experiencia en uso con éxito
• Más de 6 Millones de contenedores equipados en Europa
Tecnología probada para RSU y mobiliario urbano
• La tecnología de identificación RFID de MOBA asegura una identificación media del 99,9% gracias a un mayor rango de detección y menor pérdida de datos

Mientras que las ciudades se vuelven más inteligentes, es probable que encontremos más y más formas para mejorar la función de dichas ciudades, casi sin esfuerzo, simplemente eliminando las prácticas poco económicas:



“Lo invisible se vuelve visible cuando el impacto de la gente en su entorno urbano puede percibirse en tiempo real. Los ciudadanos han empezado por cerrar sus grifos antes, observando una mejora inmediata en su uso del agua. Los edificios pueden compartir recursos en su consumo de energía. Los sistemas del tránsito pueden canalizar el tráfico gracias a las limitaciones de velocidad y las señales de tráfico para orientar a la gente que esté metida en atascos.

Los ciudadanos utilizan el transporte público antes que el privado siempre que es posible, mientras que los impuestos de circulación o el precio de los peajes permiten observar, en tiempo real, el verdadero coste del uso de un vehículo privado. La presencia de amigos en un bar cercano alerta a otros que estén en su proximidad, sin tener en cuenta los límites espaciales tradicionales. Los ciudadanos no sólo pueden descubrir las posibilidades que se les proponen en cuanto a su entorno, sino que ahora también tienen una plataforma compartida para hacer sus propias propuestas. Pueden buscar en sus propias fuentes de información, pirateando eficazmente el modelo, aumentando o procesando los programas que les conciernen.”

Sentir la vida de forma diferente

Todo esto cambiará la manera de sentir la vida en las comunidades numerosas. Muchos de nosotros sólo nos sentimos a gusto si andamos distancias cortas desde nuestras casas –lo que los urbanistas llaman nuestra “área de desplazamiento que se puede abarcar andando”–. Si nos limitamos sólo a mirar cosas (y conocer a gente) en persona, estas áreas pueden parecer pequeñas e insuficientes, incluso en vecindarios compactos muy vibrantes. Pero, al mismo tiempo que conocemos mejor los lugares que nos rodean y conectamos con la gente cercana, nuestras áreas de desplazamiento a pie pueden extender sus posibilidades. Claro que es más fácil coger el bus, reservar un vehículo compartido o pedir un taladro a la tienda especializada en herramientas, pero esto es sólo el principio.


Descubrimos que esa iglesia que siempre hemos ignorado es la sede de un club de intercambio de libros; la pequeña tienda de la esquina vende especias que llevamos mucho tiempo buscando; las sesiones matutinas del cine del barrio, aunque no lo anuncien, permiten a los padres con niños pequeños ver películas y nadie les pedirá que callen cuando el bebé se ponga a llorar; la gente queda para practicar su francés cada miércoles en el bar… Nuestras ciudades rebosan de oportunidades que, simplemente, nos perdemos porque son invisibles desde la calle. La tecnología para callejear vuelve visible la invisible vida del barrio por el que nos paseamos cada día.

Nuevas preocupaciones

Obviamente, este nuevo futuro estará lleno de riesgos al igual que de promesas, con amenazas a la privacidad por parte de gente entrometida, con nuevas preocupaciones por los abusos corporativos con la información recopilada sobre nosotros (si pueden reunir información sobre nuestras visitas en internet, quizás las compañías de seguros intenten aumentar la tarifa de nuestra póliza si pasamos más tiempo de lo normal en bares, o si comemos en restaurantes de comida rápida con demasiada frecuencia) y la fiabilidad de la información de la que dependemos (por ejemplo, observa el mapa pedestre de Google que explica cómo viajar caminando a través de Inglaterra en dirección a la Isla de Guernsey; en realidad, hubiese sido de más ayuda que me recordara que tengo que ser cauteloso, puesto que la carretera puede carecer de continuidad).

También es posible que echemos de menos lo aleatorio y el descubrimiento fortuito que conlleva moverse a través de espacios ciegos, de no saber qué es lo que encontraremos. Por otro lado, puede que nuestras ciudades se vuelvan más interesantes que nunca puesto que serán más accesibles para nosotros.

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